
El auge del fenómeno "therian" en Latinoamérica, donde jóvenes se perciben espiritualmente como animales, es analizado desde una óptica conservadora como un claro síntoma de decadencia moral y crisis familiar. Aunque clínicamente no se clasifica como trastorno mental si el individuo mantiene contacto con la realidad, el artículo sostiene que esta subcultura refleja un profundo vacío existencial alimentado por el secularismo occidental. En conclusión, el texto argumenta que esta confusión de identidad no debe normalizarse, sino abordarse restaurando los valores judeocristianos y la estructura tradicional de la familia frente al relativismo posmoderno.

El texto advierte sobre un tratado internacional de educación superior que el Congreso paraguayo analiza aprobar. Si bien se presenta como un convenio técnico para homologar títulos, contiene en sus cláusulas de no discriminación el concepto de "género", el cual difiere del término "sexo" utilizado en la Constitución Nacional (Artículos 46 y 47) para establecer la igualdad ante la ley. Se argumenta que, como la Constitución es la ley suprema (Art. 137), incorporar categorías internacionales abiertas basadas en la autopercepción podría erosionar este principio de igualdad constitucional e introducir de contrabando una "perspectiva de género", desvirtuando el ordenamiento jurídico nacional bajo el disfraz de cooperación educativa.