Todo empieza con un tipo que miraba su Volkswagen Escarabajo y pensaba: "Esto puede cruzar el océano." No es una metáfora. No es una forma de hablar. Giorgio Amoretti, fotógrafo y aventurero italiano de La Spezia, pasó décadas obsesionado con una sola idea: demostrar que un auto podía convertirse en un barco y cruzar el Atlántico.
En los años 70, Giorgio construyó lo que llamó el "Automare" — un Escarabajo relleno de espuma de poliestireno — y lo llevó hasta las Islas Canarias, el punto de partida natural para cruzar a América aprovechando las corrientes. Pero las autoridades españolas lo miraron, miraron el Escarabajo, y dijeron "no". Proyecto cancelado por razones de seguridad, que en este caso probablemente significaba "sentido común".
Años después, un diagnóstico de cáncer terminal le cerró la puerta definitivamente. Giorgio no iba a cruzar ningún océano. Pero el sueño no murió con la enfermedad. Solo cambió de tripulante.
Quién está involucrado
En 1999, con su padre demasiado débil para participar, los tres hijos de Giorgio — Marco, Fabio y Mauro — junto al amigo de la familia Marcolino De Candia, decidieron hacer lo que su padre nunca pudo: cruzar el Atlántico en auto. El objetivo no era solo la aventura. Era regalarle al padre moribundo la realización de su sueño.
No tenían formación náutica. No tenían apoyo institucional. No tenían permiso. Lo que sí tenían era un Ford Taunus modelo 1981, un Volkswagen Passat modelo 1987, y una cantidad de obstinación que los psicólogos todavía no han clasificado.
Adaptaron los dos autos con bloques de poliestireno y espuma de poliuretano para que flotaran. Les instalaron velas improvisadas, paneles solares para alimentar los equipos básicos de comunicación, y una balsa inflable en el techo por si todo salía espectacularmente mal. Llevaban motores fuera de borda para los primeros kilómetros y los dos autos iban atados entre sí con sogas para no perderse en medio del océano.
Sí: dos autos atados con sogas. Como una mudanza pero en el Atlántico.
El escape al amanecer
Acá viene un detalle que La Nación Argentina no mencionó y que cambia toda la perspectiva de la historia: los hermanos Amoretti sabían perfectamente que no les iban a dar permiso. Las autoridades españolas ya habían frenado al padre en los 70 y no iban a dejar pasar a sus hijos con el mismo plan 20 años después.
Entonces hicieron lo único lógico: salieron de madrugada para que no los vea nadie.
El 4 de mayo de 1999, antes de que saliera el sol, los cuatro empujaron los autos al agua desde la isla de La Palma, en las Canarias. Eligieron el amanecer específicamente para evitar a la Guardia Civil. Arrancaron con los motores fuera de borda, y cuando se acabó la nafta — a pocos kilómetros de la costa — tomaron una decisión que define toda la aventura: desengancharon los motores y los tiraron al fondo del océano.
Sin dudarlo. Sin plan B. Los vieron hundirse y siguieron adelante.
A partir de ese momento, avanzar dependía exclusivamente del viento y las corrientes del Atlántico. Destino previsto: América. Velocidad promedio: 50 millas náuticas por día. Método de propulsión: esperanza.
Por qué importa esta noticia
No todo lo que importa tiene que ver con dinero o política. Esta historia importa porque es la demostración perfecta de que la línea entre la genialidad y la locura la dibuja el resultado.
Si los autos se hubieran hundido al tercer día, esta sería la historia de cuatro irresponsables que ignoraron a las autoridades y pagaron las consecuencias. Pero llegaron. Y entonces es la historia de cuatro visionarios que desafiaron lo imposible.
Y hay una capa más profunda: esto no fue una aventura por adrenalina. Fue un acto de amor filial. Tres hijos que tomaron el sueño más ridículo de su padre y lo convirtieron en realidad. Eso trasciende la navegación y entra en el territorio de lo universalmente humano.
Análisis crítico
Ahora, seamos honestos: esto también fue una locura monumental.
A los diez días, la realidad golpeó fuerte. Fabio y Mauro no aguantaron más — mareos severos, agotamiento y la comprensión de que estaban en un ambiente completamente ajeno a ellos — y tuvieron que ser rescatados por un helicóptero de Tenerife. De cuatro tripulantes quedaron dos: Marco Amoretti y Marcolino De Candia, solos en el Atlántico, en dos autos que no estaban diseñados para estar en el agua.
Pero lo extraordinario es que Marco y Marcolino no lo vivieron como una tragedia. Según las fuentes italianas, en el mar se sentían libres. Libres de una sociedad competitiva y materialista en la que nunca se habían sentido cómodos. Pasaban los días pescando, administrando sus 300 litros de agua, reparando las sogas que se rompían constantemente por la fuerza del mar — lo que implicaba tirarse a nadar en aguas abiertas del Atlántico — y, esto es real, tocando blues con una guitarra y una armónica.
Dos tipos en autos flotantes en medio del océano, tocando blues. Si esto fuera una película, dirías que el guionista se pasó de creativo.
El 25 de mayo, tres semanas después de zarpar, el teléfono satelital dejó de funcionar. Probablemente por contacto con el agua o por falta de sol para cargar las baterías solares. Durante semanas no tuvieron contacto con nadie. En tierra firme, los daban por muertos.
Y en el día 108, cuando las provisiones ya escaseaban, se cruzaron de casualidad con el petrolero Chevron Atlantic. El capitán del buque, al ver dos autos flotando en medio del océano con dos tipos saludando desde el techo, hizo lo más razonable: les tiró provisiones al agua. Marco las recuperó nadando.
Antecedentes
La idea de cruzar océanos en vehículos no convencionales no nació con los Amoretti, pero casi nadie lo intenta en serio. Lo que hace único este proyecto es su historia multigeneracional: nació en los años 70 con un Escarabajo, fue bloqueado por burócratas, sobrevivió un diagnóstico de cáncer terminal, y se completó 25 años después con autos aún más precarios que el prototipo original.
Giorgio Amoretti no era un loco cualquiera. Era un fotógrafo profesional, explorador — según The Local Italy, ya había cruzado el Sahara en paracaídas y navegado de Génova a Calais en un auto flotante anterior. El cruce del Atlántico era su obra maestra pendiente. La que nunca pudo terminar.
La ruta elegida — Canarias al Caribe — es la misma que usaron los navegantes europeos durante siglos para llegar a América. Las corrientes atlánticas empujan naturalmente hacia el oeste desde esa zona. Giorgio lo sabía. Sus hijos también. El océano iba a hacer la mitad del trabajo. La otra mitad era no morir en el intento.
Situación actual
La historia de los "autonautas" ha resurgido periódicamente en medios internacionales a lo largo de los años. Bored Panda la viralizó en 2019. El South China Morning Post de Hong Kong publicó un reportaje extenso en 2020 por el vigésimo aniversario. Las revistas náuticas italianas Giornale della Vela y Barche a Motore la recuperaron en artículos detallados entre 2022 y 2025. Medios brasileños la cubrieron en febrero de 2026. Y esta semana, La Nación Argentina la trajo de vuelta al público hispanohablante.
Marco Amoretti, que hoy tiene alrededor de 50 años, no dejó los autos flotantes. En 2015 intentó circunnavegar Italia en un Maserati convertido en bote, navegando por el río Tíber en Roma, donde la policía lo detuvo. Lo hacía para conseguir financiamiento para un documental sobre el cruce del Atlántico.
Y el detalle más devastador de toda la historia lo cuentan las fuentes italianas con más precisión que La Nación: Giorgio Amoretti murió el 28 de mayo de 1999, apenas 24 días después de que sus hijos zarparan. La familia decidió no contárselo a los navegantes. Pero justo antes de llegar a Martinica, Serenella — familiar cercana de los Amoretti — se lo reveló a Marco por radio. Prefirió que se enterara en el mar, en privado, y no al bajar del auto frente a las cámaras de la prensa internacional.
El 31 de agosto de 1999, después de 119 días y 4.700 kilómetros, los dos autos llegaron a Port Tartane, en la isla de Martinica. Completamente destruidos, oxidados, cubiertos de sal. Marco y Marcolino fueron recibidos como héroes por la prensa italiana e internacional.
No era el destino previsto — el plan original era llegar a Cuba y luego a Estados Unidos — pero el agotamiento físico les impidió continuar. Daba igual. El sueño de Giorgio Amoretti estaba cumplido. Dos autos cruzaron el Atlántico. Su padre tenía razón.
Qué puede pasar
Lo que esperamos que pase: Que la historia de los autonautas finalmente llegue al cine o a un documental. Marco Amoretti lleva años trabajando en eso y tiene horas de filmación original de la travesía. Es una historia que tiene todo: aventura, drama familiar, humor involuntario, y un final que te deja con un nudo en la garganta. Si Netflix no la agarra, no entiende nada.
Lo que no debe pasar: Que alguien lea esto y piense que puede tirarse al Río Paraguay con un Gol Trend y dos sábanas. Lo que hicieron los Amoretti fue extraordinario, pero también estuvo a centímetros de ser una tragedia. La inspiración está en la perseverancia y en el amor, no en la imprudencia. Si querés cruzar un océano, usá un barco. Si querés honrar a tu viejo, empezá por llamarlo.
Conclusión
Esta historia no es sobre autos ni sobre navegación. Es sobre lo que pasa cuando alguien planta un sueño tan profundo en la cabeza de sus hijos que ni la enfermedad, ni la muerte, ni la Guardia Civil, ni el Océano Atlántico pueden matarlo.
Giorgio Amoretti nunca vio sus autos llegar a América. Pero sus hijos lo hicieron por él. Tiraron los motores al mar, tocaron blues en medio de la nada, sobrevivieron tormentas, silencio y la peor noticia posible, y llegaron. En dos autos atados con sogas.
A veces los sueños más ridículos son los más serios. Y a veces la mejor forma de decirle a alguien "te quiero" es hacer exactamente la locura que esa persona siempre quiso hacer.
El búho sabe que no se necesita motor para llegar a destino. A veces solo se necesita viento, sogas y una buena razón. 🦉
Fuentes
- La Nación Argentina — "Adaptaron un auto para cruzar el Atlántico a vela, los creyeron muertos y hoy su historia da la vuelta al mundo" (marzo 2026)
- South China Morning Post — "Two Italians floated cars across the Atlantic 20 years ago today to fulfil a dying father's ambition" (mayo 2020)
- Bored Panda — "In 1999, This Man And His Friend Spent 119 Days In A Floating Car And Crossed The Atlantic" (2019)
- The Local Italy — "Madcap explorer sails car around Italy" (octubre 2015)
- Giornale della Vela — "Ocean 1999: The lost adventure of the Amoretti brothers" (septiembre 2022)
- Barche a Motore — "Autonauts: The Atlantic with two floating cars. An Italian story" (enero 2025)
- Click Petróleo e Gás (Brasil) — "Brothers transform cars into boats and face 119 days adrift in the Atlantic" (febrero 2026)
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