El Congreso tenía un bisturí y usó una curita
Los números no mienten y son demoledores. El Ejecutivo envió un proyecto de reforma de la Caja Fiscal que reducía el déficit acumulado en un 62%. De 796 millones de dólares proyectados en cinco años, se iba a bajar a 306 millones. Un ahorro real de 490 millones de dólares.
¿Qué hizo el Senado? Le cambió los números. Le sacó filo. Le puso algodón donde tenía que haber acero. La versión que finalmente se sancionó apenas ahorra 165 millones de dólares. Un 21% de reducción. Un parche que no tapa ni la mitad del agujero.
En otras palabras: cada año, Paraguay va a gastar 65 millones de dólares extra solo en jubilaciones, plata que podría ir a hospitales, rutas o escuelas. Todo porque dos dirigentes del mismo partido no se pusieron de acuerdo y priorizaron el cálculo político sobre el bienestar del país.
Ovelar vs. Latorre: la pelea que nos salió cara a todos
La interna que explotó no fue ideológica ni técnica. Fue de egos y cálculos electorales. Beto Ovelar frenó la versión de Diputados alegando que "tenía más espalda" política que Latorre y que el "marzo paraguayo" podía generar un estallido social con docentes, militares y policías en la calle.
Latorre respondió con frialdad: "Somos diferentes. Venimos de una historia diferente y de un modo diferente de hacer política". Después acusó a los técnicos del MEF de haber cambiado de posición y exigió explicaciones públicas.
Mientras estos dos se tiraban dardos, el ministro Fernández Valdovinos quedó en el medio. Los diputados lo acusaron de haberlos "engañado" para que aprueben rápido una versión que después fue descartada. Valdovinos casi renuncia. El lunes 16 de marzo se reunió con Peña y retiró la renuncia, pero el daño ya estaba hecho.
La reforma quedó como un acuerdo entre todos para no quedar mal con nadie. Y cuando todos quedan contentos en política, el único que pierde es el que no está sentado en la mesa: el ciudadano.
La "economía de guerra" que nadie pidió pero todos vamos a sentir
El resultado directo de esta cadena de decisiones es que el Gobierno anunció una "economía de guerra". ¿Qué significa en concreto? Que el presupuesto 2026 tiene un agujero de aproximadamente 600 millones de dólares por la caída de recaudaciones, la apreciación del guaraní frente al dólar y los menores ingresos de Itaipú y Yacyretá.
Se priorizan siete rubros: salarios, jubilaciones, deudas con constructoras y farmacéuticas, subsidio al transporte, Hambre Cero, Adultos Mayores y servicio de la deuda pública. Todo lo demás — Ambiente, Justicia, Cultura, Turismo, Industria — opera con lo mínimo.
La frase del ministro lo resume todo: "Al país le va bien, al Fisco no tanto. Eso es raro, pero es lo que está ocurriendo." Y es raro porque Paraguay crece al 6%, tiene doble grado de inversión, y sin embargo su Gobierno no puede pagar las cuentas. La contradicción tiene nombre y apellido: mala gestión legislativa de una reforma que era urgente.
¿Y la Caja Parlamentaria? Esta semana se los mira (Jubilación VIP)
Mientras a los comunes les exigen la "economía de guerra", la Caja Parlamentaria sigue siendo intocable, manejando unos USD 5 millones anuales.
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¿Qué dijo Beto Ovelar al respecto?: Reconoció que hay que "empezar por casa" si se le va a tocar el bolsillo al resto de los funcionarios. Confesó abiertamente que la caja se está desangrando porque, por ejemplo, le están pagando jugosas pensiones a "viudos que no tienen ni 40 años".
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Las propuestas: Ovelar planteó que la caja pase a ser cien por ciento privada bajo un sistema de capitalización individual, para que dejen de colgarse del Estado. Sin embargo, en la práctica, el estudio legislativo sobre estos recortes VIP se viene chuteando para adelante.
Acá viene lo que más debería irritar al ciudadano común. Los congresistas prometieron reformar primero su propia caja de jubilaciones — la famosa "jubilación VIP" — antes de tocar la de los docentes, policías y militares. No lo hicieron. Trataron primero la Caja Fiscal ajena y dejaron la suya para después.
El presidente del Congreso, Basilio "Bachi" Núñez, anunció que el proyecto de la Caja Parlamentaria se tratará el miércoles 25 de marzo. El propio Beto Ovelar dice que quiere convertirla en una caja privada de capitalización individual, donde el Estado no ponga ni un guaraní más. Suena bien. Pero viniendo de los mismos que desarmaron la otra reforma, la credibilidad está en terapia intensiva.
Dato que el pueblo debe conocer: la ley ya eliminó el aporte estatal a la Caja Parlamentaria desde 2019. Aun así, los legisladores maniobraron para inyectar 10.000 millones de guaraníes a su caja jubilatoria en los últimos tres años. Cuando dicen "no más plata del Estado", hay que mirar qué hacen, no lo que dicen.
Qué puede pasar
Que debería pasar: El Senado trata la Caja Parlamentaria el miércoles, aprueba una versión que elimine efectivamente todo subsidio estatal y la convierta en caja privada. Eso le daría un mínimo de credibilidad al Congreso y permitiría al Gobierno negociar los ajustes de la "economía de guerra" con algo de respaldo moral.
Que no esperamos que pase: El tratamiento se posterga otra vez, se diluye como la reforma fiscal, y la Caja Parlamentaria queda como un privilegio intocable mientras las escuelas, los hospitales y las rutas sufren los recortes.
Consecuencia: La gente lo nota, la bronca crece, y el cartismo entra a las internas de junio con una mochila de plomo, y muy probablemente pierde la elecciónes municipales internas.
Conclusión
Lo que pasó con la Caja Fiscal no fue un error técnico ni un accidente político. Fue una decisión consciente de dos dirigentes que priorizaron sus cálculos electorales sobre el bienestar de millones de paraguayos. El resultado está a la vista: economía de guerra para el pueblo, privilegios intactos para el Congreso.
Esta semana, el miércoles 25 de marzo, los senadores tienen la oportunidad de demostrar que no son lo que todo el mundo piensa. Si tratan la Caja Parlamentaria en serio y la convierten en una caja privada sin trampa, será un paso. Si la patean de nuevo, el pueblo ya sabe quién juega en su contra.
El búho ve con claridad lo que pasa en la oscuridad. Y en esta oscuridad fiscal, lo que se ve es que los que debían cuidar la plata del pueblo la usaron para cuidarse a sí mismos.

