En Boston, ante una de las máximas favoritas al título, Paraguay hizo lo que casi nadie le daba: aguantar, sufrir y ganar. Fue 1-1 en 120 minutos y 4-3 en los penales. Pero el número frío no cuenta la historia. Alemania tuvo el 75% de la pelota; Paraguay, apenas el 25% y ocho jugadores metidos en su propia área. Del otro lado del sacrificio apareció la recompensa: la clasificación a octavos y, con ella, un país entero en la calle. Y algo más: esta vez el mundo entero lo vio y lo dijo en todos los idiomas.
El partido: resistir para existir
Paraguay golpeó primero. A los 42 minutos, tras una jugada que empezó Miguel Almirón y siguió Matías Galarza, Julio Enciso conectó de cabeza el 1-0. Después vino lo esperado: Alemania empujó, empujó y empujó. Igualó a los 54 y se fue encima.
La Albirroja se replegó y aguantó con el alma. En el alargue, Alemania creyó darla vuelta con un gol de Jonathan Tah, pero el VAR lo anuló por una infracción sobre Gill. El 1-1 sobrevivió a los 120 minutos. Todo se definía desde los doce pasos.
La tanda: Gill héroe, Canale para la historia
En los penales apareció la figura de la noche. Orlando Gill, arquero de San Lorenzo, atajó dos remates alemanes y agrandó su leyenda en tiempo real. Del lado paraguayo también hubo nervios: fallaron Antonio Sanabria y Balbuena. Pero la tanda se estiró a muerte súbita.
Ahí Alemania falló, y le tocó a José Canale, el zaguero que había entrado por la ausencia de Omar Alderete. Canale no tembló. Convirtió, y firmó una clasificación histórica. Paraguay 4, Alemania 3.
El mundo se rinde a la garra
Acá está lo que diferencia a esta hazaña de otras: la repercusión fue global e inmediata. En España, El País la definió como la primera gran hazaña de las eliminatorias del Mundial, y El Mundo habló del “sueño americano” de Paraguay. Mundo Deportivo la llamó directamente una “proeza” y elogió a Gill.
En Alemania el golpe dolió y se notó. El influyente Süddeutsche Zeitung no se guardó nada, y la prensa germana calificó la eliminación como un papelón que desnudó las carencias de un equipo que ya había fracasado en 2018 y 2022. Un diario resumió el humor nacional en cuatro palabras: “Alemania ya no es Alemania”.
Desde Argentina, Olé tituló que era “otra utopía imposible” de la Paraguay de Alfaro, y Clarín puso a Gill en la tapa. Las cadenas internacionales, CNN y Fox Sports, abrieron sus portadas con la Albirroja. La palabra que se repitió en todos los idiomas fue la misma: garra.
Un feriado para celebrar
Puertas adentro, la euforia tuvo rango de Estado. El presidente Santiago Peña decretó feriado nacional para el martes 30 de junio y lo anunció sin filtro: “¡Paraguay nunca se rinde! ¡Feriado carajo!”. El decreto oficial habla de “la plena vigencia de la mítica garra guaraní”.
El capitán Gustavo Gómez lo bajó a tierra desde el campo: “Alemania sabía que tenía que sudar sangre para ganarnos”. Y Gill, el héroe, lo resumió en una frase: “Supimos aguantarlo y hasta nos pusimos en ventaja. Es una emoción inmensa”.
Por qué importa esta noticia
Para el ciudadano común, esto es mucho más que un partido. Es autoestima nacional. Un país chico, que rara vez es tapa en el mundo por buenas noticias, hoy es portada en Madrid, Berlín y Buenos Aires. Eso no se compra con publicidad.
Para la marca-país, el valor es enorme. Cada mención de “Paraguay” en un titular internacional positivo vale más que mil folletos. El fútbol hizo, en 120 minutos, lo que a la diplomacia y al turismo les cuesta años.
Y en lo emocional, un feriado nacional le puso número oficial a algo intangible: la sensación de que, cuando se junta y se planta, este país compite con cualquiera. Esa sensación tiene consecuencias que van más allá de la cancha.
Análisis crítico
Conviene decirlo sin vueltas: esto no fue suerte, fue un plan. El equipo de Alfaro ganó siendo mezquino con la pelota y generoso con el sacrificio. Orden táctico, disciplina defensiva y una idea clara de cómo lastimar a un rival superior. A los que critican el estilo “feo”, los datos les contestan: Paraguay está en octavos y Alemania, en su casa.
Ahora, la honestidad obliga a mirar las dos caras. Paraguay resistió con mérito real, pero Alemania también decepcionó: es su tercer Mundial seguido por debajo de las expectativas. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo. Reconocer el fracaso alemán no le quita ni un gramo de mérito a la resistencia guaraní: los penales los pateó y los atajó Paraguay.
Antecedentes
No es la primera vez que Paraguay gana un mano a mano mundial desde los doce pasos. En Sudáfrica 2010 eliminó a Japón en octavos, también por penales, tras un 0-0. Aquella generación llegó a cuartos y quedó como referencia dorada.
Del lado alemán, la caída se inscribe en una crisis larga: eliminaciones tempranas en Rusia 2018 y Qatar 2022, y ahora un papelón en la primera ronda de eliminación directa de este Mundial. La tetracampeona hace rato que no es la de antes.
Situación actual
Al cierre de esta edición, Paraguay ya conoce su próximo desafío: los octavos de final se juegan el 4 de julio en Filadelfia, ante el ganador del cruce entre Francia y Suecia. La Albirroja llega con la ilusión intacta y el envión anímico de todo un país detrás.
Qué puede pasar
Lo que esperamos que pase: que Paraguay se plante en octavos con la misma fórmula que lo trajo hasta acá, sin complejos y sin especular de más, y que el envión se transforme en la campaña que quede grabada en la memoria. Que la ilusión dure y el país siga unido detrás del equipo.
Lo que no debe pasar: que la euforia y el feriado tapen la realidad de que enfrente viene un rival de elite mundial. El exceso de confianza es el único adversario que puede pinchar esta ilusión desde adentro. Una hazaña no es un techo garantizado: es una puerta que hay que volver a cruzar.
Conclusión
La garra guaraní volvió a ser noticia mundial, y esta vez no lo dijeron solo los paraguayos: lo titularon en Madrid, lo lamentaron en Berlín y lo aplaudieron en todas partes. Paraguay le recordó al fútbol que el orden, la fe y el sacrificio siguen siendo armas. Ahora el desafío es el más lindo: seguir soñando desde los octavos. ¿Hasta dónde puede llegar esta Albirroja?

